La guerra de Kurukshetra fue uno de los principales acontecimientos que se narran en el "Mahābhārata"; un importante libro sagrado de la religión hindú. Este cruento conflicto, fue en esencia; una verdadera guerra mundial, teniendo resultados catastróficos que superan con creces los daños evocados en guerras modernas. De los millones y millones de soldados en el campo de batalla (se estima que fueron entre 4 a 5 millones); solo 12 personas sobrevivieron.
Y por si fuera poco, cabe decir que la guerra del Mahābhārata duró tan solo 18 días, y con millones de muertes a su causa, resulta lógico pensar que no se utilizaron únicamente armas convencionales para la época, como flechas, arcos, mazas, espadas, cuchillas y lanzas. De hecho, el mismo libro confirma que los bandos involucrados (Pandavas vs Kauravas) emplearon diversos tipos de armas de aniquilación masiva, las cuales causaron estragos inenarrables. Otros pasajes del Mahābhārata, aparte de la gran guerra de Kurukshetra, también hacen mención a este tipo de acontecimientos. En total, se pueden encontrar cerca de 50 tipos de armamentos de destrucción masiva, los cuales presentan características muy similares a las que poseemos en tiempos modernos.
Todas estas narraciones son una clara evidencia de que los textos sagrados de la India describen un pasado que actualmente desconocemos.
En 1945, tras las pruebas experimentales con bombas atómicas llevadas a cabo por el ejército estadounidense en el desierto de Alamogordo, Nuevo México, un estudiante le hace al científico, Robert Oppenheimer, la siguiente pregunta:
- "La bomba que se hizo estallar en Alamogordo durante el Proyecto Manhattan, ¿fue la primera en hacerse detonar?"
A lo que Oppenheimer responde:
- "Bueno... sí, en tiempos modernos, sí, claro".
Resulta que Robert Oppenheimer fue el padre de las bombas atómicas que se lanzaron sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Y un dato muy importante sobre su vida privada, ya sea como afición o interés religioso, es que Robert Oppenheimer fue siempre un estudioso del Hinduismo.
En su opinión, los textos sagrados de la India describen combates que involucran el uso armas de destrucción masiva como las que poseemos en la actualidad, por ejemplo, bombas nucleares y bombas atómicas, junto con una tecnología general de alto nivel. Desde su punto de vista científico, los versos hindúes, escritos hace miles de años atrás, son perfecta y extrañamente aplicables a la era nuclear de nuestro mundo moderno.
Tras las explosiones en Japón, apenado por su participación en tan terrible acontecimiento, Oppenheimer comentó:
"Recuerdo la línea de la escritura hindú, el Bhagavad-gītā. Vishnu está tratando de persuadir al Príncipe para que cumpla con su deber, y para impresionarlo, toma una forma con múltiples brazos y dice, 'ahora, me he convertido en la muerte, soy el destructor de mundos'".
Así como Oppenheimer, hay muchos estudiosos que apoyan la teoría de que en tiempos remotos nuestros ancestros utilizaron bombas atómicas, así como un tipo de tecnología que actualmente desconocemos.
Un sinnúmero de investigadores afirman que esto se puede responder a través de la famosa teoría de los "antiguos astronautas", la cual narra que seres extraterrestres han venido a nuestro planeta desde tiempos remotos, teniendo contacto con las antiguas civilizaciones del pasado. Estos extraterrestres dotaron a la humanidad con tecnología, y a cambio, fueron tratados como verdaderos Dioses.
El Hinduismo dice claramente que existe vida a lo largo y ancho de todo el cosmos, y que a su vez, éste se conforma por múltiples dimensiones y planos de existencia, también repletos de vida. Por lo tanto, los devotos hindúes sabemos que no estamos solos en el universo.
Sin embargo, lo cierto es que la cosmología hindú también brinda una perspectiva totalmente diferente sobre estos acontecimientos, diciéndonos que en un pasado remoto existió tecnología de alto nivel producto de dos factores: civilizaciones extintas (y anteriores a la nuestra), y artefactos emanados directamente de la Energía Divina (los "Astras").
- Armas Divinas: "ASTRAS" (अस्त्र)
Las armas Divinas se entienden mejor como potencias internas otorgadas por Dios, así como fuerzas espirituales disponibles para el hombre, que pueden materializarse en el plano material como instrumentos de destrucción.
Estas armas son invocadas por su ejecutor a través de un profundo trance meditativo, el cual se acompaña de mantras, oraciones, conjuros e invocaciones específicas. El Dios tutelar entonces materializaría el arma en conjunción con las energías evocadas por el usuario (su "prāṇa").
Debido al terrible poder involucrado, el conocimiento para invocar las armas Divinas se restringía únicamente a verdaderos adeptos espirituales, los cuales recibían el secreto por medio de una sucesión discipular entre maestro y estudiante. En consiguiente, el poder espiritual o el mérito del usuario define la capacidad de una persona para invocar y usar el arma. Leemos en los textos que "Ninguna persona de alma impura puede invocar estas armas".
Los astras se describen en muchos textos sagrados, como el Mahābhārata y el Rāmāyaṇa, en donde son empleados en las grandes batallas descritas en dichas epopeyas. También aparecen en los Puranas y otras escrituras religiosas.
Lo más interesante es que, al igual que el armamento nuclear moderno, cada uno de estos artefactos requería un código específico para la activación (en forma de Mantra). Cada arma se usaba con su mantra específico, que a su vez tenía un conjunto definido de frecuencias para la recitación que producía el efecto deseado. Esos mantras y conjuros nunca fueron escritos por los antiguos sabios, con el fin de que no cayeran en manos equivocadas. Los mantras simplemente se transmitían oralmente de un verdadero maestro a un verdadero alumno.
De igual modo existe otra categoría de armas, las "shastras", que se definen como las armas físicas, es decir, aquellas elaboradas por los seres humanos.
En cambio, el astra no es un arma física como tal; sino que se materializa con Energía Divina a través de mantras y otros conjuros, pudiendo o no existir un objeto físico que sirva como instrumento para su descarga.
Básicamente, un astra se define como una forma feroz de un mantra, el cual contiene palabras "semilla" con una frecuencia que puede compararse con una descarga energética o una materialización divina.
Un adepto en Mantra puede aplicar frecuencias de sonido para crear un efecto en la dimensión física. Aunque no es necesario, también puede estar dirigido a una cosa (viva o no viva) para beneficiar o causar daño según el uso. En este caso, los astras se utilizan para destruir; si está dirigido a un ejército, destruye el ejército, pero de igual modo, si está dirigido a un individuo, lo destruye a ese individuo.
A lo largo del combate se deja muy en claro cuando se emplea un astra o un shastra.
Generalmente, los astras, que entendemos como armas de destrucción masiva, se utilizaban únicamente en momentos críticos o en donde pudiera verse justificado su empleo. Incluso, muchas veces los soldados rehusaron la ejecución de los astras producto de sus niveles de destrucción.
En otras oportunidades acontecía una mezcla entre astras y shastras; los guerreros, a través de su energía y el canto de mantras, dotaban sus shastras con Energía Divina y los transformaban en astras. Por ejemplo, un arco sencillo, común y corriente, podía disparar flechas celestiales y causar aniquilaciones completas.
Se habla de armamentos capaces de disparar millones de flechas simultáneamente, las cuales caían como relámpagos en todas las direcciones cardinales, arrasando y quemando todo a su paso y consumiendo a un gran número de tropas. Era muy usual que este tipo de armas se describiesen por nuestros ancestros como arcos y flechas divinas, cargadas con el poder del sol, de los rayos, y del fuego. Este tipo de armas perfectamente podrían ser comparables con lanzamisiles modernos, solo que en tiempos antiguos se les denominaba arcos. También se habla de algunas capaces de poder controlar la atmósfera, el agua, el viento, y de dejar inconsciente a decenas de soldados, e incluso de vehículos voladores.
Todas estas armas serán explicadas en detalle.
- Civilizaciones ancestrales extintas
El siguiente aspecto fundamental que debemos tener en cuenta para comprender que en aquella época existieran armas tan adelantadas, es lo que la cosmología hindú define como "Mahā Yuga" ("Gran Año Cósmico"), que se define como un ciclo infinito de cuatro Eras sucesivas: "Satya Yuga", "Treta Yuga", "Dvapara Yuga" y "Kali Yuga"; cada una más desarrollada y adelantada que la otra.
En términos generales, cada una de las Eras mencionadas se compara con la pureza y el refinamiento de un metal, en orden respectivo: oro, plata, cobre y hierro.
Así como cada metal precioso se vuelve menos puro y refinado, la civilización que viva en un yuga u otro reflejará la cúspide o la degradación de la civilización. En Satya Yuga (la edad de oro), los seres humanos son perfectos, prósperos, altamente desarrollados, rectos, fraternales, virtuosos, eruditos y disciplinados, pudiendo llegar a vivir milenios, junto con tener un fuerte desarrollo de poderes psíquicos y sobrenaturales que actualmente se encuentran inhibidos. En el otro extremo del ciclo se encuentra Kali Yuga (la edad de hierro), en donde la humanidad se halla corrompida en vicios, ignorancia, violencia, pecado, hambre, guerras, odio, envidia y enfermedades; el ser humano de Kali Yuga no es espiritual, sino que material, todos sus poderes se encuentran impotentes y no existe forma de despertarlos.
La transición entre un Yuga o una Era a otra, siempre va acompañada de grandes catástrofes a nivel global: desastres naturales como terremotos, diluvios, tormentas, sequías, enfermedades, hambrunas, crisis económicas, guerras, etc., provocando una extinción masiva.
En consiguiente, la ciencia material y tecnológica lograda por los antiguos, a menudo se pierde para la humanidad siguiente.
Es por ello que nuestros científicos modernos se hayan desconcertados sobre cómo algunos pueblos antiguos pudieron haber construido obras arquitectónicas tan complejas y aparentemente imposibles para la época, las cuales presentan un nivel de precisión increíble. En Egipto por ejemplo encontramos el Serapeum y el Osirión como un claro ejemplo de una sofisticada tecnología ancestral, perdida actualmente para nosotros y prácticamente irreplicable, de igual modo, las Pirámides de Guiza y la Esfinge presentan notables características (astronómicas y topográficas) que sitúan su construcción desde hace por lo menos 10.000 años, junto antes de la última glaciación mundial.
Podemos ver la misma configuración precisa de los megalitos de Egipto en Irak (Ur, Nasiriyah), el Líbano (Baalbek), Perú (Sacsayhuamán), México (Teotihuacán), Bolivia (Puma-Punku, Tiahuanaco), Camboya (Angkor Wat), India (Kailāsanātha, Hampi, Kopeshwar, Rani Ki Vav, Warangal), Indonesia (Borobudur), Turquía (Göbekli Tepe), Pakistán (Mohenjo-Daro), Jordania (Petra) etc., y notar que dichas construcciones fueron elaboradas con una tecnología avanzada y desconocida para nosotros, puesto que ser perdió con el tiempo pero que pareció muy común hace siglos y milenios.
Por ello, no es extraño que los textos religiosos de la India y de otras culturas describan acontecimientos que involucren el uso de tecnología avanzada, junto con increíbles logros arquitectónicos que demuestran una tecnología sumamente sofisticada, casi irreproducibles para nosotros.
Dado que los eventos del Mahābhārata acontecieron en un Yuga anterior al nuestro, resulta lógico pensar que la civilización de aquel entonces pudiera tener acceso a esta clase de tecnología y conocimiento, en una época en donde sencillamente, de acuerdo a nuestra historia ortodoxa, no deberían existir.
Como se mencionó anteriormente, muchos atribuyen esta tecnología perdida a los antiguos astronautas, y si bien lo cierto es que el hinduismo enseña que todo el cosmos se haya repleto de vida, lo cierto es que la sucesión de Eras o Yuga resulta mucho más acertada para explicar que existiesen civilizaciones extraordinariamente remotas y a su vez extraordinariamente avanzadas, capaces de crear estructuras y obras arquitectónicas que son irreplicables para nosotros en la actualidad.
A continuación se describen algunas de las armas de destrucción masiva más poderosas del Mahābhārata.
- Brahmāstra
El Brahmāstra se describe como una de las más destructivas, poderosas y terribles armas del Mahābhārata.
Las descripciones que entrega el libro lo asemejan con un arma nuclear, siendo suficiente como para poder para destruir un ejército completo de miles de hombres y hacer temblar la Tierra.
El Brahmāstra es descrito como un arma resplandeciente que dispara terribles flechas que caen como llamas y bolas de fuego, acompañadas de estruendosos relámpagos que cubren al sol mismo y creando un daño que se apodera de todas las direcciones cardinales. El impacto de estas flechas se resume en un mar de fuego. Su onda expansiva provoca que los campos se tornen estériles y que las aguas queden contaminadas e imbebibles. Esta arma hace que los océanos hiervan debido a su calor, que la tierra tiemble, y que todo se reduzca a cenizas. Se narra que cuando se dispara un Brahmāstra, no hay un contraataque ni una defensa que pueda detenerlo, y se cree que sus misiles nunca pierden a su objetivo.
En el Rāmāyaṇa, otro texto sagrado del hinduismo, el Señor Rama invoca el Brahmāstra y lo utiliza para desertificar un mar con sus flechas. Se dice que el arco ardía como un fuego ardiente y que era terrible a la vista. Al balancear el arco, la tierra temblaba con violencia, y que sus disparos eran tan poderosos como los rayos de Indra (El rey de los Planos Celestiales). Estas flechas resplandecientes poseían una gran velocidad y causaban estruendosos ruidos. El disparo de Rama provocó una terrible sacudida en el mar; el viento se tornó violento y se crearon enormes olas de las cuales salía humo. Estas olas eran tan colosales que incluso se asemejan a las montañas Vindhya (752 metros) y Mandhara (1494 metros). Producto del impacto se perturbaron las criaturas marinas que vivían hasta en las regiones más subterráneas del mar, muchas de las cuales fueron arrastradas por las olas. El mismo Lakshmana, quien era hermano de Rama, debió intervenir para detener el ataque.
Si esta no es la descripción clásica del poder de un arma atómica, no sé lo qué es.
En la era del Mahābhārata, se decía que solamente unos pocos guerreros tenían la capacidad para invocar y controlar esta arma: Bhisma, Drona, Parasurama, Arjuna, Ashwatthama, Partha y Karna.
- Brahmashirā-astra
El Brahmashirā-astra se describe como un arma de aniquilación masiva que se compara con una enorme lluvia de llamas, truenos y meteoritos que desencadenan una serie de explosiones en las tropas enemigas. El arma resulta tan terrible, que ni siquiera una sola brizna de hierba podría crecer en el lugar de impacto durante los próximos 12 años, provocando de igual modo una sequía de la misma duración en donde ni las nubes serían capaces de derramar allí alguna gota.
Solamente Agnivesa, Parasurama, Karna, Arjuna y Ashwatthama poseían el conocimiento para invocar el arma.
- Nārāyaṇāstra
El Nārāyaṇāstra se describe como un instrumento que dispara una terrible andanada de proyectiles celestiales, generando prácticamente una lluvia de millones de misiles destructivos que caen de forma simultánea. Se compara su capacidad destructiva como si del cielo brotaran 11 Rudras furiosos (es decir, el aspecto colérico e iracundo de Shiva). Se recomienda que el Nārāyaṇāstra se utilice tan solo una vez, puesto que de lo contrario, el poder destructivo de la misma podría devorar al ejército del propio usuario.
Únicamente tres guerreros podían invocar el arma: Drona, Ashvatthama y Krishna; este último, al ser Dios hecho hombre, conocía sus máximos secretos, por lo que, para disminuir la masacre, reveló un truco para repeler el arma.
"En la tierra de Sumeria cayó una calamidad, una desconocida para el hombre; una que nunca se había visto antes; una que no podría ser soportada. Una gran tormenta del cielo. Una tormenta aniquiladora de la tierra. Un viento maligno, como un torrente. Una tormenta arrasadora unida por un calor abrasador. De día se privó a la tierra del brillante sol; por la noche las estrellas no brillaban. La gente, aterrorizada, casi no podía respirar; el viento maligno los agarró, no les concedió otro día. Las bocas estaban empapadas de sangre; las cabezas se revolvían en sangre. El rostro se tornó pálido por el viento maligno. Esto causó que las ciudades fueran desoladas, las casas se volvieron desoladas, los establos se volvieron desolados. Hizo que los ríos de Sumeria fluyeran con agua amarga; sus campos de cultivo crecieron con malas hierbas, en sus pastos crecían plantas marchitas"
"Aniquiló las ciudades y las convirtió en un desierto. Destruyó las montanas y abatió a sus animales. Perturbó los mares e hizo desaparecer su producto. Cañaverales y juncales asoló y los quemó como el fuego. Maldijo el ganado y lo convirtió en barro".
"Enlil lanzó una tormenta maligna, el silencio yacía sobre la ciudad. La agitación descendió sobre la Tierra, algo que nadie había conocido, algo invisible que no tenía nombre, algo que no podía ser comprendido. Las tierras estaban confusas por el miedo. La gente con miedo respiraba con dificultad. La tormenta los inmovilizó, la tormenta no les permitió huir. No hubo retorno para ellos [...] Enlil destruyó las casas de los leales, puso mal de ojo sobre todos los hijos de los hombres leales. Su avance fue como una avalancha, tan fuerte que no pudo ser resistida. El extenso campo fue destruido, nadie se movió por ahí. El tiempo se tornó oscuro y asado por granizos de fuego. El clima brillante fue aniquilado por sombras. En ese día, el cielo retumbó, la tierra retumbó, la tormenta trabajó sin descanso. El cielo estaba oscuro, cubierto por una sombra. Los cadáveres se amontonaron en montones, se extendieron como gavillas. Había cadáveres flotando en el Éufrates y cabezas destrozadas".
"[...] Así, todos los Dioses evacuaron Uruk y se mantuvieron alejados de ella. Se escondieron en las montañas. Escaparon a las distantes llanuras.
[...] Ninki, su gran dama, volando como un pájaro, dejó la ciudad. El padre Enki se quedó fuera de su ciudad llorando con amargas lágrimas por el destino de su perjudicada ciudad".
- Saubha Vimana
- Gandiva
Dado al hecho que el arco poseía dos carcajes con munición ilimitada, flechas terribles y resplandecientes de gran velocidad que causaban terribles daños al impactar, y que necesitaba un carro para ser trasladado; a muchos se les viene a la mente de que en realidad nuestros ancestros se referían a una especie de lanza misiles, y que en aquel minuto interpretaron como un arco supremo.
- Sammohanastra
El Sammohanastra resulta ser un arma muy peculiar. Se describe como un arco de flechas emplumadas, cuyo poder radica en el sonido que emana de su disparo; produciendo una serie de ondas expansivas que dejan totalmente inconscientes a las tropas afectadas. El Sammohanastra priva a los guerreros de sus sentidos y los deja atontados, abarcando todas las direcciones cardinales posibles. Se le compara con un arma o bomba sónica. Solo Arjuna empleó el Sammohanastra.
En otros textos se narra que tanto el arco del Señor Rama como el arco del Señor Vishnu, también tenían un poderoso poder sónico; solo bastaba tensar su cuerda para crear una terrible onda expansiva.
- Rudrastra
- Pasupatastra
El Pasupatastra es un arma de carácter cósmico; su poder de aniquilación es capaz de extinguir al universo mismo. Es por ello que los soldados del Mahābhārata rehusaron su ejecución. Este arma emana del Señor Pashupatinath, una manifestación de Shiva, y se restringe a usos Divinos. Por ejemplo, en planos espirituales, Shiva utilizó esta arma para destruir ciudades enteras de asuras (demonios). Se lee: "Esa arma, disparada por los brazos de Shiva, puede sin lugar a dudas consumir todo el universo en la mitad del tiempo que toma un pestañeo". El Pasupatastra causa daños terribles; quema y consume todo a su paso con el poder de sus proyectiles celestiales. Se lee que el Pasupatastra es terrible y sin igual, de grandes proporciones, descrita con mil brazos, mil lenguas y mil ojos, y que parece estar vomitando fuego constantemente.
- Vajra-astra
La Deidad que preside este astra es Indra, el Rey de los Planos Celestiales. El Vajra-astra se compara con una lluvia de proyectiles Divinos que caen al campo de batalla como relámpagos. Esta arma funciona como un arco que dispara proyectiles de hierro cargados y electrizados con el poder del trueno.
Arjuna usó el Vajra-astra dos veces durante su vasta carrera militar. Primero fue en la batalla contra los Nivatakavachas, logrando acabar con millones de ellos, y posteriormente la utilizó durante la guerra de Kurukshetra contra los Samshaptakas, al doceavo día de combate (solamente Arjuna era poseedor de esta arma).
Este artefacto es tan poderoso que, en el Gita, el Señor Krishna afirma que, entre las armas, él es Vajra (BG 10:28).
- Nagastra
- Agneyastra
El Agneyastra se define como un arma llameante hecha de fuego, capaz de consumir cualquier objeto en un santiamén. Sus descargas flamígeras no pueden extinguirse ni apaciguarse; al contrario, son capaces de consumir cualquier objeto y de causar grandes estragos. El arma invoca la energía del Señor Agni, patrón elemental del fuego. Se asemeja mucho a una especie de lanzallamas moderno.
- Sudarshana-chakra
El Sudarshana-chakra se describe como un disco giratorio de fuego, el cual se encuentra dotado con miles de dientes desgarradores, tan afilados como navajas.
Se lee que el Sudarshana-chakra destruye a cualquier tipo de enemigo, siendo un arma arrojadiza de gran alcance que luego retorna a las manos de su portador, tal como un imán o un búmeran. De hecho, el disco asesinará a todos los oponentes posibles, pero siempre será obediente a su ejecutor.
El Sudarshana-chakra actúa como un feroz proyectil de fuego destructivo que derrumba a las tropas con extrema rapidez.
En el Mahābhārata, fue una de las armas especiales del Señor Krishna.
- Vayavyastra
El Vayavyastra es un arma que permite controlar el viento con el fin de lanzar a cualquier enemigo u objeto por los aires, sin importar su peso. El texto describe que el Vayavyastra podía llevarse a multitudes de tropas, incluyendo carros, elefantes y caballos, como si fuesen hojas secas de árboles atrapadas en un feroz tornado. También podía desviar proyectiles que viniesen hacia su ejecutor.
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